Hay un canto que dice: “Dime cómo ser pan / Dime cómo ser pan / Cómo ser para otros / En todo momento / Alimento y maná”.

Meditaba sobre esto: ¿cómo ser pan? Y me vino a mi corazón todo el proceso del pan.

Primero, hay que dejarse sembrar en Cristo: Él es la tierra en la que podemos crecer bien, en la Iglesia. Es aquí desde donde nos nutrimos; en esta tierra crecemos hasta ser trigo; pero esto lleva su proceso, hay que dejarse cuidar, regar, iluminar… para que nazca el trigo; este dejarse cuidar, para mí, no es más que seguir esa voz que nos invita a ser lo que somos, en lo más profundo, sin máscaras.

Dejarse regar es dejarse acompañar, pues no estamos solos, no caminamos solos y la iluminación, entre otras cosas, no es más que no quitar la mirada de Jesús. Él está en el pobre y necesitado; está en nuestros hermanos, de ellos aprendemos el amor que ilumina y es en el amor en donde llegamos a ser trigo; pero este trigo tiene que ser molido, en nuestra vida es necesaria la prueba, y esta acontece en el día a día, es aquí donde se da el milagro del amor, en las cotidianidades y verlo cuesta mucho, porque es en lo pequeño, en lo que no cuenta, y para llegar a esto hay que ser molido: sólo así llegamos a ser harina y en otro momento ser pan, ser alimento.

Antes de ser pan hay que dejarse amasar y fermentar, y este amasar no es más que nuestro molde sea el mismo del corazón de Jesús, que sea Él quien ame en nosotros y es Él mismo el fermento para que esta masa pueda crecer, llegar a ser el doble de su tamaño original, porque ya es una sola cosa con Cristo, está enteramente unida a Él.

Luego viene el tiempo de fermentación… La paciencia todo lo alcanza, ¡cuán necesario es el tiempo para que doblemos nuestro tamaño, para que se ensanche el corazón! Y cuando ya está todo preparado hay que ir al horno, a ese fuego encendido, a esa llama de Amor que hará que el pan esté apetitoso, listo para ser comido; este horno es el Espíritu Santo que invade todo nuestro ser en un fuego de Amor, y es así como este pan se da y es comido y es verdadero alimento.

Así está el pan dispuesto para ser alimento; así será nuestro ser unido a Cristo; nuestro ser que ha sido antes moldeado por el Padre y luego es invadido por el Espíritu Santo y nos damos a todos por Amor.

Así es Jesús: el Verdadero Pan, el Verdadero Alimento, y nosotros estamos llamados a ser también pan para otros.

Yudis Isabel de la Santa Cruz, cd

Talavera la Real (Badajoz)

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