Con ocasión de este Año dedicado por el Papa Francisco a San José, os compartimos este artículo sobre el Santo Patriarca.

DE AGUAS Y DE SUEÑOS

Dios reveló a José sus designios y lo hizo a través de los sueños. 

Me llega muy adentro la historia de José, el hijo de Jacob el Patriarca: aquel muchacho de túnica ancha y de sueños profundos. Soñó con espigas y soñó con estrellas (el cielo mezclado con la tierra). “Ahí viene el soñador”… Sus lágrimas escondidas me hablan de un corazón grande, y me confirman que realmente tan solo es grande quien sueña… Su historia es un tapiz de ausencias y de largas oscuridades, de sueños y de perdones… Es la ternura la que se asoma al borde de sus ojos a cada instante.

Páginas adelante y algunos siglos de distancia, nos acercan a un nuevo Jacob, padre de un muchacho carpintero, José como el Patriarca, enamorado de una linda nazarena, una niña que ocupaba todas las laderas de su corazón: María. Así encontramos a José: pendiente de ella, centrado en ella, contando junto a ella las lunas que aún faltaban para convivir juntos y compartir sueños y esperanzas, lágrimas y consuelos…

Aquí me detengo un momento. Quisiera que interiorizásemos las actitudes de José, que nos sumergiésemos en sus propias entrañas y, sencillamente, pedirle a él que nos enseñe a orar… Teresa de Jesús nos lo propone como Maestro de oración, y eso es sencillamente, a lo que os invito.

Cuatro sueños, como cuatro marcajes que nos dan la entrada precisa en esta danza de la amistad divina… Cuatro grados de oración nos propone Teresa… No creo en las coincidencias, pero sí en los pequeños milagros de cada día, en esos guiños que, desde lo Alto, o desde lo más profundo de nosotros mismos, nuestro Abba nos regala constantemente…

1er Sueño de José. *De pronto, a José se le rompe el alma: el vientre de su niña crece y crece ante sus ojos atónitos… Pero… si él aún, ¡¡¡y junto a ella!!!, anda contando lunas… ¿cómo puede ser esto que dolorosamente, sin palabras, es pura evidencia rompedora de certezas y promesas? No la denuncia, porque, sencillamente, se lo impide el amor.

Retablo iglesia de San José. Detalle. Antequera.

1er Grado de Oración *Orar nos cuesta. No es fácil. Hay que regar el huerto con mucho esfuerzo y trabajo… El pozo es hondo, el cubo sube con dificultad… La tierra donde sembramos es dura y requiere labranza, sacrificio, renuncia. Soplan vientos asesinos que se llevan la esperanza de las flores primeras…

Y aparece Dios en nuestros sueños: “No temas…” le dijo a José y nos dice igualmente a cada uno de nosotros… No temas recibir a María, pues en eso mismo que hoy es tu mayor sufrimiento, su vientre habitado sin ti, está tu bien y tu alegría. No temas… (aquí cada uno puede sacar a luz sus propios miedos, sus angustias, sus temores, sus soledades), porque ahí YO te estoy esperando para colmarte de bienes… El pozo es hondo, hay que labrar el huerto… Quedémonos junto a Él, junto a Jesús: “Mire que le mira”… Prestemos, igual que José, la obediencia de la fe en medio de nuestra sequedad. Dios no espera más que queramos estar junto a Él.

“Al borde de mi pozo

te sueño  mientras saco

aguas del fondo.”

José respondió con prontitud. No se aferró a sus certezas. Miró al cielo y supo que realmente Dios le había hablado cuando soñaba… ¿Y yo? ¿Me resisto ante la dificultad de subir el cubo, a gran esfuerzo mío, o a labrar la tierra endurecida de mi corazón? ¿Presto, como José, la obediencia de la fe? ¿Es mi único deseo acompañar a Jesús, hablarle, mirarle, regalarme con Él? ¿Ando con esa Alegría y Libertad que nos pide Teresa, con las que, a buen seguro, andaba José al despertar?

2o Sueño.

Carmelitas descalzas. Antequera.

Las risas del pequeño Jesús llenaban la casa… Dios estaba con nosotros. Una noche, mientras José dormía, el cielo se enredó en sus sueños y, al despertar, la certeza se impuso en su corazón: salir hacia lo desconocido, hacia otra tierra, porque aquellas risas corrían el peligro de apagarse para siempre…

2o Grado.

El agua sale con más facilidad para gozo del orante –tu gozo y el mío-, porque una noria danzarina la envuelve entre sus brazos y así el huertecillo se riega a menos trabajo y sudor del hortelano. Es verdad que con Jesús tan cerca, tan dentro, todo cambia de color: “Quiere Dios por su grandeza que entienda esta alma que está Su Majestad tan cerca de ella que ya no ha menester enviarle mensajeros”… Dios nos habita, como habitaba la pequeña casa de Nazaret

Aquí, nuestra oración es una centellica  que Él nos enciende por dentro de su mismo Amor. Es la prenda que Él nos da de habernos escogido para cosas grandes (como eligió a José)… Son menester amigos fuertes de Dios… ¿Nos podemos contar entre ellos? Se nos pide huir de cuanto pudiese apagar esta centella, se nos pide marchar a Egipto para salvar al Dios que se nos pasea por dentro…

Nicola Fumo. Museo conventual. Carmelitas descalzas. Antequera.

José se levantó al momento, tomó al Niño y a su madre y marchó a Egipto… ¿Y yo? ¿Sigo sopesando las dificultades, los contratiempos, o responde –como José- con prontitud a la voz de Dios? ¿Canto agradecido las misericordias del Señor? ¿Reconozco, con llaneza, lo que realmente soy?

¡Ay, la noria que gira y gira, y esas flores que van abriéndose llenando todos mis vacíos de asombros y de colores!

3er Sueño de José

Ires y venires, sostenidos por la voz de Dios impresa en las entretelas del alma. A José, allá en tierra egipcia, se le invita al regreso… ¿Contradicciones, caprichos, veleidades? Él no preguntó nada, no sospechó nada, tomó al Hijo y a la madre y volvió a su tierra, donde las estrellas le eran tan familiares y las lunas crecían cada vez más blancas y más hermosas… José las contemplaba, luego posaba su mirada en Jesús y María, diciendo para sus adentros: “¡Bendito sea el Señor, que así me ha regalado!”

3er Grado de Oración

Bendita esa agua de arroyo y de fuente, que a muy menos trabajo nuestro empapa el huerto… ¡Cómo nos crecen, sin sentir, las flores de las virtudes! Aquí el orante –igual que José- se ofrece a la verdadera Sabiduría para cuanto quiera hacer de él (ya sea ir a Egipto, ya sea volver), pues como el santo Patriarca, se ha dejado “del todo en los brazos de Dios”. Y, al igual que José, solo desea estar con Jesús…

-Por ti, crearé lo imposible…

-Tan solo quiero una fuente

donde poder sumergirme…

y donde beba mi huerto,

 sus ramas y sus raíces…

-Por ti, crearé lo imposible:

Será una fuente divina,

¡pero a la vez tan humana!

De lágrimas y de estrellas

se forjará su cascada…

Habrá en tu huerta un eterno

olor a tierra mojada…

-¡Déjame, mi Dios, que viva

sumergida entre tus aguas!”

4o Sueño

Retablo iglesia de San José. Detalle. Antequera.

Era verdad lo que acababa de escuchar: en Judea reinaba Arquelao en lugar de Herodes, su padre. Y José temió, porque sabía que en su corazón jamás se habían dado cita ni las ternuras ni el amor… Quedó dormido, y el cielo disipó sus miedos y cambió destinos: Nazaret los estaba esperando. Allí vivió, con Jesús y con María, alabando, bendiciendo y dando gloria a su Dios.

4o Grado

¡¡¡Llueve!!! Al fin se rasgó el cielo, y el agua de la lluvia acaricia nuestros surcos labrados… ¿Cómo no agradecer y cantar tanta misericordia? Aquí, nuestros miedos frente a tantos Arquelaos, se desvanecen… “Queda el ánima animosa… Es menester ánima determinada y animosa para arriscarlo todo, venga lo que viniere, y dejarse en las manos de Dios e ir adonde nos llevaren”.

Ante tu lluvia, Señor,

mi corazón se arrodilla…

Que yo sembré una semilla…

¡y hoy acaricio una flor!

Dice Teresa que quien llega a este grado de oración, no puede contentarse “con servir en poco al Señor, sino en lo que más ella puede”. Igual que José en su hogar de Nazaret, sirviendo a Jesús y a María en los mil pequeños detalles de cada día… Imagino a José, aupando al Niño en sus brazos, y exclamando jubiloso: “¡Bien de todos los bienes! ¡Vida de mi vida y sustento que me sustentas!”

Carmelitas descalzas. Antequera.

“Quédase sola con Él, ¿qué ha de hacer sino amarle?” Así, creo, sería la vida de José: amar, amar, adamar a Jesús, adamar a María… Mirar a Jesús… “No os pido más de que le miréis”. Amar a Jesús: “No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho”… ¿Y yo?…

***

José, enséñanos a orar. A mirar las estrellas, a contar las lunas, y a escuchar la voz de Dios. José, enséñanos a SOÑAR. AMÉN.

Hª Lucía Carmen de la Trinidad, cd. Antequera

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