Asamblea General - 1997

Me piden unas palabras al llegar al final de mi andadura como Asesor de la Federación “Virgen del Carmen” de Andalucía-Badajoz y para dar inicio a la nueva Web de nuestra Federación.

En una aportación que tuve al celebrarse los 25 años de la Federación en 2008 la titulé “Aprendiendo a ser Asesor”. Ahora, cuando se cumplen 22 años de mi primera elección en noviembre de 1997, se podría uno preguntar si al fin he aprendido. Y tengo que decir que no.

Quizás esa sea una razón por la que he sido reelegido tantas veces (y a la que no paro de buscar soluciones): como los estudiantes que deben repetir curso por no haber superado el anterior, o aquello de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, o aquello que siempre decía mi formador perpetuo (P. Antonio José): …“dejemos las cosas como están a ver cómo quedan”, o “no nos compliquemos la vida… total, para lo que hace…”.

Pero cuando miro la historia de nuestra Federación y de otras federaciones no me valen esas respuestas.

En el año 2000, en la VII Asamblea, la siguiente a mi primera elección, se planteó una cuestión de principio, entonces muy de moda, que podía haber zanjado el asunto para muchas elecciones que vinieron después: “Continuar con el Asesor o desistir de él”. A eso ya habían respondido algunas federaciones de España diciendo que… no hace falta… que las monjas ya saben caminar solas… que cuando eventualmente lo necesiten ya buscarán quien las asesore…  que se sienten casi ofendidas y minusvaloradas… etc. etc.  

Pero nuestra Federación dijo que quería seguir teniendo Asesor y me eligieron de nuevo. Así trienio tras trienio hasta que vino orden de la Sagrada Congregación de que era obligatorio elegir y tener Asesor.

Me consta que en las reuniones interfederales a nuestras monjas les insistían por una y otra parte en el tema del Asesor como algo ya superado, que si tan bien les iba… que si no tenían problemas, intromisiones… y nuestras monjas siempre manifestaban que estaban contentas, que les venía muy bien… Hasta el punto que algunas monjas de otras federaciones me llamaban para charlas, ejercicios… pensando que era por mi persona.

Pero yo sé bien que no era esa la cuestión. Le he dado muchas vueltas y he llegado a la conclusión de que hay una relación tan buena y circula tanto amor y tanto respeto entre las monjas y los frailes en Andalucía, que eso se ve normal y se desea como algo bueno. Hay un espíritu de familia tan grande entre nosotros, que no es fácil verlo en otros lugares. Quizás sea algo inherente al carácter andaluz… pero si no hubiera sido yo, habría sido otro. ¡Cuánto se quiso en la Federación al P. Bonifacio, al P. Delfín que fueron los primeros!

Por todo, esto al llegar al final de mi larga andadura, tengo que dar gracias a Dios por lo mucho que he aprendido a través de mis hermanas, por lo mucho que me he sentido querido y valorado, por los buenos y malos momentos vividos. Pues todos sabemos que ha habido que sortear muchos problemas, se ha sufrido mucho, pero también se ha gozado mucho. Es lo que tiene ser familia.

Agradezco a todas las Presidentas (a cuál mejor) que han contado conmigo y siempre me han tratado como hermano y compañero, a los Consejos federales, a las secretarias… Gracias a todas.

Que Dios siga bendiciendo a nuestra Federación y la enriquezca con nuevas y buenas vocaciones. Que la Web que ahora se inaugura sea una ventana para divulgar nuestra vida y nuestra experiencia a tantas jóvenes ansiosas de conocer algo por lo que valga la pena entregarse y emplear la vida al servicio de Dios.

Fr. José Fernández Marín. OCD

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