El 20 de junio el Papa Francisco anunciaba la canonización de la Beata Isabel de la Trinidad que se celebraría en Roma el domingo 16 de octubre del año 2016.

El Papa Francisco presidía el lunes 20 de junio de 2016 un nuevo consistorio ordinario público para la canonización de cinco beatos que serían inscritos en el libro de los santos el domingo 16 de octubre.  Entre los nuevos santos se encuentra el español Manuel González García, quien fuera obispo de la ciudad de Palencia y fundador de la Unión Eucarística Reparadora y de la Congregación de las Hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Este mismo día también fueron canonizados dos beatos muy queridos de América: el niño mejicano José Sánchez del Río, mártir en la persecución religiosa de Cayes, y el argentino José Gabriel del Rosario Brochero.

La Beata Isabel de la Santísima Trinidad (Isabel Catez) nació en Bourgues (Francia) el 18 de julio de 1880. Fue bautizada el 22 de ese mismo mes. Al hacer su primera confesión en 1891 propuso con firmeza luchar contra su fuerte temperamento. A los 14 años se entrega totalmente a Jesús como único Esposo, mediante el voto de Virginidad. A los 21 años ve cumplido su deseo de ser carmelita descalza, ingresando en el Carmelo de Dijón. Su amor al silencio y al recogimiento la hacen profundizar en el misterio trinitario y, abrazada a Jesús Crucificado, recorrerá rápidamente el camino de la transformación en Dios, hasta llegar a sentir místicamente la presencia de la Trinidad en su alma. Los últimos días de su vida se consumió, en una Noche Oscura, en actitud de Alabanza de Gloria, pasando del Calvario al Cielo de «sus Tres». Murió en el Carmelo de Dijón el 9 de noviembre de 1906, a los 26 años de edad.

El milagro atribuido a la intercesión de la Beata Isabel de la Trinidad ocurrió en abril del año 2002 en Flavignerot (Dijón), durante una peregrinación que la señora María Paula Stevens hizo allí, acompañada de dos queridos amigos, para despedirse de su querida Isabel y pedir la gracia de morir cristiana y dando testimonio del amor infinito de Dios. De hecho, el síndrome de Sjorgen que venía sufriendo desde 1997, la había llevado primero a la invalidez y después a las puertas de la muerte. No podía tomar alimentos sólidos ni moverse sin ayuda de otros, además de sufrir otros padecimientos. La curación de los síntomas fue sorprendente e inesperadamente inmediata, así como duradera.

He hallado mi cielo en la tierra pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí esta verdad todo quedó iluminado para mi.

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Fuentes: ACIPrensaLaCroix y Carmelitas Descalzas de Flavignerot

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